Save The Last Dance For Me
Esta historia es la número 5 de 5 historias de la serie "Mejores Amigos".
Notas: Los primeros tres párrafos son parte del libro La insoportable levedad del ser de Milan Kundera. Excepto las frases que están entre guiones (—) Dichas frases son lo que Carla piensa mientras lee.
Está inspirado en esta canción. Por si la quieren escuchar mientras leen.
“Save The Last Dance For Me”
* * * * *
Estaba tan excitado que se incorporó en la cama. Teresa respiraba profundamente a su lado. Pensaba que la muchacha del sueño no se parecía a ninguna de las mujeres que jamás había visto. La muchacha que le había parecido íntimamente conocida era precisamente una completa desconocida.—¿En serio Kundera? llevamos hablando de esto desde el principio del libro.Y pensar que aún me faltan como cien hojas.— Pero era precisamente la que siempre había anhelado. Si existe para él algún paraíso personal, en ese paraíso tendría que vivir con ella. Esa mujer del sueño es el «es muss sein!» de su amor.
Recordó el conocido mito de El banquete de Platón: —Oh sí, El banquete. Cuando termine este libro ahora sí leo a Platón.— los humanos eran antes hermafroditas y Dios los dividió en dos mitades que desde entonces vagan por el mundo y se buscan. El amor es el deseo de encontrar a la mitad perdida de nosotros mismos. —Bah, sí seguro. No puedo dormir, ni vivir. Necesito un cuerpo para que le de confort a mis noches, le de sentido a mis mañanas y no me deje caer en el precipicio. Necesito... Tomás, lo que tú y yo necesitamos es un buen polvo.—
Admitimos que eso es así; que cada uno de nosotros tiene en algún lugar del mundo a su mitad, con la que una vez formó un solo cuerpo. La otra mitad de Tomás era la muchacha con la que había soñado. Lo que sucede—....
“You can dance-every dance with the guy, who gives you the eye, let him hold you tight, you can smile-every smile for the man...”
¡Esa canción!
¿De dónde viene esa canción?
Arrojé el libro de Kundera sobre la cama, sin molestarme de colocar el separador en la página en la que me había quedado. Abrí el balcón y el sonido de maracas y una guitarra se intensificó. Miré a todas las casas que alcanzaba a ver, para intentar distinguir de cuál venía el sonido. Luego me sentí tan tonta, ya que el sonido venía de bajo mi balcón...
“But don't forget who's takin' you home. And in whose arms you're gonna be... So darlin' save the last dance for me”
Roger estaba bajo mi balcón con guitarra en mano, los ojos cerrados y de su boca salía la letra de aquella vieja y cursi canción; de la cual, años después Michael Bublé hizo un cover... Pero eso ahora no importa.
Los ojos se me llenaron de lágrimas, mi corazón estaba a punto de salir volando por la velocidad que llevaba, y sin poder evitarlo mis manos estaban temblando. No era sólo por el hecho de que me hayan traído serenata, nadie nunca lo había hecho. Era que, Roger estaba cantando una de mis canciones favoritas. Para mí y sólo para mí.
“And in whose arms you're gonna be... So darlin' save the last dance for me.
Baby don't you know I love you so, can't you feel it when we touch. I will never, never let you go. I love you oh so much”
Era el hecho de que mi mejor amigo era quién me cantaba.
En otro momento hubiera dejado que mi cuerpo se dejara llevar con la canción, bailaría con una pareja imaginaría y me soñaría en un salón de baile. Sin embargo no puedo quitarle los ojos de encima... Cuando llegó la parte sin voz, por fin Roger abrió sus ojos, me miró y sonrió. Él sí se movía al ritmo del amor, de la salvación, del baile.
Me sentí tan intimidada y me dieron ganas de regresar a casa por una cubeta de agua y arrojárselas.
“Oh baby won't you save the last dance for me. Oh baby won't you promise that you'll save, the last dance for me... Save the last dance, the very last dance for me.”
Cuando la canción por fin terminó, baje tan rápido las escaleras, que en más de una ocasión me tropecé. Llegué hasta él y me arrojé hasta sus brazos, su risa se escuchó tan clara y sincera en mi oído. Besó mi mejilla y me alejó un poco él.
“¿Te gustó?” Preguntó con una sonrisa en sus labios y un simpático sonrojo en sus mejillas.
“Claro que sí. Es mi canción favorita, tenía que gustarme” Puso una mueca rara, pero no le di mucha importancia. Volví a abrazarlo y después abracé al chico que había tocado las maracas junto a él.
Los invité a tomar un poco de agua y a duras penas aceptaron. Me sentí rara cuando Ro dejó el vaso sobre la mesita de centro y se levantó.
“Nos tenemos que ir” Dijo y al preguntarle por qué, intenté no sonar tan desesperada, cosa que no logré.
“Esta serenata era de prueba. Dijo Roger que si te gustaba a ti, la chica-no tengo sentimientos-nunca me voy a enamorar, le gustaría a cualquiera. Específicamente a Jessica” Memo, me respondió con una sonrisa en su rostro, sonando “alegremente” sus maracas. Miré a Roger preguntándole con la mirada que si eso era cierto. Bajó su mirada hasta los rayones de sus converse y sí, era cierto.
“Oh, pues lo hacen muy bien. No tengan duda de que le gustará” Los alenté y sin decirles adiós, regresé a mi habitación, sin ganas de dormir, ni de continuar con la patética historia de Tomás y Teresa.*
Abracé la almohada y la letra de la canción salía automáticamente de mi boca. ¿Cómo fui tan tonta como para pensar que Roger estaría enamorado de mí? Los mejores amigos todo el tiempo se están enamorando, pero él y yo, no somos como cualquiera. Él siempre tiene sus sentimientos al margen, nunca hace nada inapropiado, nunca se enamora... O bueno, no de mí.
Las manos me tiemblan, siento el pecho tan comprimido que ni puedo respirar, la mandíbula me duele y lo único que puedo hacer es reír. Habiendo tantos millones de personas en el mundo, ¿por qué me vine a enamorar de él? ¿Por qué?
No.
¿Por qué le lleva de serenata a ésa mi canción? Él sabía que era mi favorita.
¿Por qué?
Abracé con fuerza la almohada; entre sollozos, lágrimas, mentadas de madre y babas, me quede dormida.
* * *
You can dance-every dance with the guy... who gives you the eye,let him hold you tight... You can smile-every smile for the man... Who held your hand neath the pale moon light...
Aún no abría los ojos, pero sabía que estaba despierta; escuchaba claramente entre susurros mi canción, sentía una mano acariciando mi cabello. Me mordí el labio inferior e intente no llorar. No lo conseguí. Las lágrimas fueron a parar directo a mi almohada y sentí como alguien me empujaba para enderezarme y así poder rodearme con sus brazos. Y sin quererlo, sabía quien era. Su olor no se puede confundir entre los demás y su cuerpo me da el confort que “necesito”.
“Me dijo que no. Salió de la mano de su novio y se rió en mi cara... No dijo gracias ni nada. Yo no sabía que estaba con alguien”
“No tiene oído musical Ro, ni ojos para el amor; ya sabes como son esas niñas fresas”
“Lo sé, sólo que...” Se levantó y me llevó consigo a través del balcón. Las nubes tapaban la luna, sin embargo todo seguía viéndose hermoso. “¿Bailamos?” Asentí con un poco de nervios y espere a que sacara su ipod y escogiera la canción.
Versión Michael Bublé. Que importa, me sigue encantando.
“So darlin' save the last dance for me”
No tengo palabras para expresar lo que sentí. Una de las reglas del tango es mirar siempre a tu pareja a los ojos, no dejar de verla en ningún momento y recordarle que la amas en cada pirueta. Nosotros no bailábamos tango, sin embargo tampoco nos quitamos la mirada de encima.
Era como si hubiera encontrado mi mitad. Como si Kundera tuviera razón en todo lo que citaba/escribía.
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*Tomás y Teresa son los protagonistas de La insoportable levedad del ser.
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