Together Burning Bright
Esta historia es la número 4 de 5 historias de la serie "Mejores Amigos".
“Together Burning Bright”
* * * * *
Lo conoces desde siempre. No recuerdas cuando lo conociste, pero en el álbum fotográfico de la familia hay una foto –valga la redundancia- donde tienes seis años, él tenía siete, estaban abrazados, sonriendo, jugando. Era su fiesta de cumpleaños, tu familia acababa de mudarse a la privada, la familia González amistosamente los invitó a la fiesta de su hijo menor, tus padres aceptaron ya que el viaje había sido demasiado aburrido y ustedes (tú y tu hermano) necesitaban distraerse. Tu madre dice que desde el momento en que se vieron simpatizaron, tú no recuerdas nada.
Sigues recorriendo el álbum y hay un montón de recuerdos. Siempre había sido tu mejor amigo, había estado en los momentos malos y en los peores. Ya no quieres darle vueltas al asunto, pero no logras comprender que fue lo que hiciste para que de pronto se alejara. Lo quieres golpear, gritarle mucho, devolverle todas sus cosas, y no te importará que al hacerlo la mitad de tu habitación se vaya con él... Sobre todo quieres respuestas, y estás segura, lo conoces, no te dirá nada. No quiere saber más de ti.
Dejas las fotografías en el sofá de tu casa, sales a caminar, quieres distraerte y no estar esperando un milagro del cielo, que lo haga regresar y que las cosas sigan igual.
Llegas a ningún lado. Te sientas en la acera de dónde quiera que estés. Te pones los auriculares, cierras los ojos y te dejas llevar por el sonido que alumbra tus oídos y el aire que roza tu cara. No sabes cuanto tiempo pasa, las canciones suceden y no puedes concentrarte en otra cosa que no sea la voz rasposa de Bert McCracken. Por eso es que no lo ves, ni lo escuchas, pero lo sientes. Alguien ha tomado asiento junto a ti, puedes incluso sentir su calor temporal.
Abres los ojos y es él. Es Roger y te molesta que esté ahí; ése era tu nuevo lugar, no puede venir y ocuparlo contigo, ya no. Ya no son amigos.
—¿Qué haces aquí? -Preguntas de mala gana.
—Te seguí -Dice —Quería saber a donde ibas. -Se encoge de hombros y te mira, te escudriña, te pone nerviosa.
—Ya-ya no debe importarte lo que haga, ya no somos amigos.
Asiente y mira para otro lado, el viento mueve su cabello y a pesar de todo estás feliz porque el volvió a estar contigo. No necesitas más que tenerlo a un lado. Una vida entera, por favor.
—Las cosas no debieron haber pasado así, debí buscar otra manera para pedirte que ya no fuéramos amigos, creí que lo entenderías.
Tu corazón tamborilea con más ímpetu. “No quiero que seamos amigos. Te quiero demasiado. Quédate conmigo” Esperas que lo diga, sonríes, te muerdes el labio y sientes el sonrojo hasta las orejas.
No dice nada y te sulfuras. Quieres gritarle: yo también te amo, pero al ver su expresión te das cuenta de que él no lo hace, de que tuvo un montón más de razones para ya no querer nada contigo. No las dirá y tú no las pedirás, a pesar de estar muriendo por una buena explicación.
Sueltas el aire que no sabías que retenías y acomodas tu cabeza en su hombro.
—No será fácil estar lejos de ti -Las palabras salen de tu boca antes de que te des cuenta.
—Lo sé -Responde y suspira —Es lo mejor, no preguntes, y.... olvida todo ¿sí?
Se quedan así, abrazados, con los ojos cerrados y las respiraciones tranquilas, a la par. El sueño te está coqueteando, no hacer nada para ignorarlo, te dejas llevar de la misma manera que él ya lo ha hecho.
Alguien aprieta tu brazo, te jala y te obliga a levantarte. Sujetan tus manos, las amarran en tu espalda. La noche ya había llegado, no puedes ver mucho, sólo como un hombre corpulento y mal vestido golpea a Roger.
Te estrujan y te arrojan a la parte trasera de una camioneta, no sin antes cubrirte los ojos. Minutos después escuchas un cuerpo golpear contra el suelo del vehículo.
—¿Roger? -Preguntas. Obtienes un gruñido de respuesta, y es él. Comienzas a llorar, no sabes que está pasando y pedir que sea una pesadilla es lo único que puedes hacer.
Tu cuerpo se mueve, la camioneta va a una velocidad exagerada que no les permite quedarse en un lugar. Quieres creer que es un secuestro, que te llevaran a una casita en el bosque y pedirán una gran suma de dinero. Tus padres podrán conseguirlo, los de Roger también. Estarás bien. Sí, estarás bien.
—¿Dónde estás? -Dices con la voz ahogada.
Restriegas tu rostro con la primera cosa solida que encontraste. La venda de tus ojos se afloja y te sientes mejor. Uno de tus ojos quedó libre y puedes ubicar a Roger, quién estaba en el otro extremo.
La camioneta se detiene, no sabes cuanto tiempo llevaban andando. Aprovechas para arrastrarte hasta llegar a su lado. Ves su expresión de dolor y la sangre seca por todo su rostro, te dan ganas de llorar, pero no lo haces. Quieres abrazarlo, pero no puedes. Pones su cabeza en su cuerpo y comienzas a susurrar cosas ininteligibles hasta para ti.
Su brazo te rodea, él consiguió soltarse, le pides ayuda y te la da. Ahora con tus manos libres intentas limpiar su rostro. No puedes evitar odiar al imbécil que dañó sus ojos, su rostro, a él completito. Lo abrazas y sollozas, es lo único que puedes hacer.
—Perdón Carla, yo... yo... no...
—No hables, no digas nada. No...
—Te quiero, perdón, pe-perdón. No-no sabes lo que, lo que significas para mí. -Lo abrazas con más fuerza. No le respondes, no tienes nada que decir, él debe de saber que tú lo quieres de la misma manera, con el mismo ímpetu.
Muchos minutos después escuchas como las puertas de la camioneta se abren y se cierran. Tiemblas. Roger pasa su mano por tu espalda y te susurra que todo estará bien. No le crees, pero te sientes mejor.
Ahora son carcajadas las que llenan el lugar. Terror. Terror es lo que sientes, y ahora que lo conseguiste, no sabes como dejar de llorar.
—Carla, tranquila. -Su voz te tranquiliza, pero no por eso el miedo se va. Las carcajadas se alejan y comienza a hacer calor, mucha calor.
Ves fuego y quieres gritar. No puedes acabar así, no puedes. Roger no deja de decir: tranquila, tranquila. Te quieres morir, y te ríes. Hoy si están cumpliendo deseos.
No. No. No, por favor, no.
El calor te sofoca. Te quieres inundar del olor de Roger, pero no puedes, estás cansada, mareada, además de estar temblando.
Roger te grita. Se maldice y no quieres irte, no quieres dejarlo. Besas su mejilla —Te quiero -susurras, cierras los ojos y nunca los vuelves a abrir. Ya no puedes escuchar a Roger respondiendo. —Yo también te quiero.
La camioneta explotó. Sabías que no faltaba mucho para que lo hiciera. La noche estrellada observa el fuego. No hay nadie que pida ayuda, no hace falta, ya no hace falta nada. Él regresó, era lo que querías. Ardieron juntos. Brillaron juntos, y así lo harán, por el resto de la eternidad.
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Bert McCracken es el vocalista de The Used.
¡Tarán! Pueden golpearme si quieren, o mejor comprarme un regalo porque el lunes es mi cumpleaños.
Esta historia nació luego de escuchar esta canción. Y la verdad no me convenció mucho el resultado, no quería hacerlos sufrir mucho, pero era necesario.
Ya sólo falta uno, y de ése tengo escrito la mitad desde hace más de un año, fue por lo que comenzó de escribir historias pequeñas de un mismo tema.
Espero que a pesar de estar tan feo les haya gustado. C:
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